TNVL005

Agua y Jabón

Marta D. Riezu

A Cecil Beaton le preguntaron: ¿qué es la elegancia? Y respondió: agua y jabón. Con eso quiso decir: no hablemos otra vez sobre la elegancia explícita, por favor. Es más interesante todo aquello que pasa sin querer, y que nace sin más pretensión que la mera diversión de existir. Agua y jabón como imagen de lo sencillo, lo útil, lo de toda la vida. La elegancia involuntaria no tiene que ver con lo estético o lo feliz, ni con nada exterior. Está cerca del silencio, el bien común, la paciencia, la naturaleza, el gesto generoso, la voluntad de construir y conservar.

Estos apuntes están divididos en tres partes: personas, objetos y lugares. Un canon personal parecido al pequeño jardín que uno cuida y donde se siente a salvo. Lo bueno (en el sentido bondadoso) siempre es bello, sin estar obligado a ser bonito. La elegancia involuntaria proporciona en quien la contempla una sensación de complicidad, estímulo intelectual y conexión emocional.

En Agua y jabón se habla del amor a las bibliotecas públicas, los viajes de novios de nuestros padres, el chistemalismo, la familia Cirlot, Paul Léautaud, los pájaros, el paseo errante, los hippies sospechosos, el olor de las pastelerías, los viajes en tren, Bruno Munari, Rei Kawakubo, la Venecia de Wagner, comer fruta directamente del árbol, lo cursi, el Rastro, Josep Pla, las manías, los tricornios, Snoopy, barrer nuestro trozo de acera, Morandi, Barral, Bofill, el surf, el tweed, el queso, los jardines.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies